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viernes, 14 de abril de 2017

MONO ARAÑA FELIZ

GLOBAL IDEAS

Buen chocolate, monos felices

La deforestación masiva para dar paso a las plantaciones de cacao está impactando al mono araña. Un proyecto de conservación en la selva del Chocó ecuatoriano está ayudando a los agricultores a cambiar sus hábitos.
DW Global Ideas Equador (Etienne Littlefair)
Mika Peck aterrizó en Ecuador en 1995 como joven investigador para estudiar los invertebrados acuáticos de la zona. Tras dos meses de senderismo por las cuencas hidrográficas del país recolectando muestras biológicas, sucedió: "Me enamoré de Ecuador y de sus bosques y me sentí emocionalmente conectado con ellos”, cuenta a DW el profesor de la Universidad de Sussex.
Un vínculo que se mantiene hasta hoy. Después de trabajar en temas relacionados con la calidad del agua en Reino Unido y Australia, el ecólogo volvió al país sudamericano, donde la industria maderera y las prácticas agrícolas no sostenibles estaban devastando las selvas tropicales costeras.
Peck quería hacer algo para salvar los árboles que habían sobrevivido a los dientes de la motosierra, protegiendo así el último hábitat del mono araña de cabeza café (Ateles fusciceps fusciceps), una especie endémica de Ecuador en peligro crítico de extinción.
No obstante, al profesor también le preocupaba la situación de la población local. Además de albergar una rica diversidad biológica, a menudo única, el Chocó ecuatoriano, al noroeste de Ecuador, también es el hogar de pequeños campesinos que han contribuido en gran medida a la deforestación en masa de la selva para el cultivo de cacao, su principal fuente de ingresos.
"Casi el 90% del bosque ha sido despejado en esta zona”, explica Peck. Y eso ha afectado al mono araña, del que solo quedan 250 ejemplares en estado salvaje de acuerdo con la ONG Rainforest Trust y de los cuales alrededor de 150 se encuentran en la selva del Chocó ecuatoriano, según Peck.
Mika Peck (privat)
Mike Peck se enamoró del Ecuador y ahora se dedica a salvar al mono araña.
Para salvar a un mono, ayude a un granjero
El profesor sabía que para resolver los problemas que encontró en sus viajes, primero como estudiante y después como académico, iba a tener que comprometerse tanto con las causas principales de la degradación ambiental como con las necesidades de la comunidad local.
"El análisis científico no es particularmente atractivo y yo estaba cansado de recolectar datos, publicar resultados y de que nada cambiara”, se lamenta.
Así que comenzó a trabajar con los agricultores, que vivían en la región productora de cacao, y se convirtió en un verdadero amante y defensor del chocolate más fino. Los campesinos "son estafados por los procesadores de cacao globales”, critica Peck, añadiendo que los bajos precios del cacao en el mercado mundial obligan a los campesinos a talar más tierras para compensar la caída de sus ingresos.
Hace cinco años, en un esfuerzo por romper este círculo vicioso, Peck persuadió a un grupo de pequeños productores de la región del Chocó, alrededor del pueblo Tesoro Escondido, a cultivar una única variedad de cacao de forma sostenible. "Acordé con ellos que no talaran más bosque. A cambio, nosotros les ayudaríamos a fabricar chocolate de alta calidad, que podrían vender a un precio mucho mayor”, explica.
Granos de cacao secándose al sol.
El chocolate tiene el poder de hacer mucho más que satisfacer un antojo. 
El sabor del éxito
Diez familias campesinas se inscribieron en el Proyecto Chocó, que dirige la ONG ecuatoriana Proyecto Washu, y desde que se unieron al proyecto piloto han dejado de cultivar una mezcla de frijoles de baja calidad para centrarse únicamente en el cacao Nacional, una variedad apreciada por los conocedores del chocolate.
El año pasado, los campesinos produjeron cerca de seis toneladas de esta clase y lo vendieron a un precio mínimo de 3,37 euros por kilo (3,60 dólares por 2,2 libras), gracias a un acuerdo entre la ONG y el chocolatero francés Bouga Cacao.
Los miembros del equipo conservacionista produjeron incluso "Washu Chocolate”, cuyo envoltorio está adornado con el mono araña ecuatoriano de cabeza café. Los ingresos se destinan a financiar proyectos ambientales y a la rehabilitación y posible reintroducción de los primates rescatados del comercio ilegal de vida silvestre. El chocolate no está disponible aún fuera de Ecuador, pero la ONG espera que eso cambie pronto.
DW Global Ideas Equador (Etienne Littlefair)
Demasiado hermoso para ser destruido.
Según Dan Pearson, presidente de la "Cacao Heirloom Preservation Fund”, una asociación de productores y comerciantes del cacao, hay un número creciente de consumidores en Estados Unidos y Europa dispuestos a pagar más por un chocolate exclusivo. Además, "tanto el campesino como el fabricante de chocolate se benefician de la trazabilidad de los granos de cacao”, afirma Pearson. "De este modo, el chocolatero puede decidir de qué región quiere que provengan los granos o con qué campesinos quiere trabajar”, añade.
Asimismo, la biodiversidad y la selva tropical costera también salen ganando. Los agricultores del proyecto piloto poseen y controlan sus propias tierras. Por el momento, han acordado mantener un corredor de vida silvestre de 220 hectáreas de bosque que une dos áreas protegidas establecidas para la protección del mono araña de cabeza café.
Peck y sus colegas planean ampliar el proyecto y esperan incluir a más agricultores. La salud y el futuro de la selva tropical del Chocó ecuatoriano depende de su éxito. El ecólogo se muestra optimista: "es emocionante ver cómo podemos conservar esta región manteniendo su rica biodiversidad y mejorando al mismo tiempo el bienestar de su gente”, concluye.
Autor: Enrique Gili

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